8. Pulgarcito

Para el episodio de hoy hemos elegido el cuento clásico de Pulgarcito.

Esta es la historia de un niño tan pequeño tan pequeño que tenía prácticamente el tamaño de un dedo pulgar, por eso le llamaban Pulgarcito.

Pulgarcito era el pequeño de 7 hermanos y aunque era pequeño era muy listo y perspicaz.
Junto con sus hermanos y sus padres, pulgarcito vivía en una humilde casa en el campo. Sus padres eran leñadores y con el dinero que tenían apenas les llegaba para poder dar de comer a sus siete hijos.
Una noche, los padres estaban hablando de los problemas que tenían a causa de ser pobres y Pulgarcito, que todavía no se había dormido, oyó la conversación dese su habitación. Triste y preocupado pensó que debía buscar una solución para ayudar a sus padres.
A la mañana siguiente, se reunió con sus hermanos en el pajar, y les contó lo que había escuchado. Después añadió:
No debéis preocuparos más sobre la situación de nuestros padres ¡Tengo la solución! Debemos de buscar tesoros y riquezas. Mañana, cuando vayamos en busca de leña, nos esconderemos y esperaremos a que papá y mamá se cansen de buscarnos. Después emprenderemos nuestro viaje en busca de fortuna.
Enseguida, algunos de los hermanos se mostraron temerosos a abandonar su hogar y vagar a oscuras en el bosque.

-¿Y si luego no sabemos volver a casa?, decían algunos de los hermanos
-Ya lo he previsto todo, dijo Pulgarcito, mientras caminemos, dejaremos miguitas de pan por el suelo, y así encontraremos fácilmente el camino de regreso.
Esto terminó de convencer a sus hermanos.
Esa misma tarde, se fueron con sus padres a recoger ramas al bosque. Sigilosamente, los hermanos emprendieron su plan, y se escondieron poco a poco en el bosque para que sus padres no pudieran encontrarles.
Pronto cayó la noche, y los padres muy tristes regresaron a casa.
Los hermanos, intentaron encontrar el camino para poder emprender su viaje pero los pájaros se habían comido las migas de pan que habían ido dejando ¡Estaban perdidos en el bosque!
Algunos de los hermanos empezaron a tener mucho miedo. Era de noche y no sabían volver a casa.
Para calmarlos, Pulgarcito se subió a la copa de un árbol con el propósito de encontrar de nuevo el camino a casa, y, aunque se habían internado mucho en el bosque, divisó una luz en la lejanía.
– ¡Puedo ver una casa!
Los 7 hermanos emprendieron el camino en dirección a la luz que había visto Pulgarcito. Tras caminar bajo el frío de la noche, los hermanos llegaron a una casa enorme y lujosa, donde una anciana les abrió la puerta.

-Buenas noches, les dijo la anciana ¿Qué hacéis aquí?
-Somos siete niños, nos hemos perdido en la oscuridad de la noche y no sabemos dónde ir. ¿Sería usted tan amable de dejarnos pasar? – sugirió el pequeño.
-¿No sabéis de quien es esta casa? – respondió la mujer desconcertada.
Todos negaron con la cabeza, y con ternura y algo de temor, la mujer les explicó que allí vivían ella y su esposo, un temible ogro, que amaba cenar sopa hecha con niños pequeños.
Los niños se asustaron muchísimo. Sin embargo estaban tan cansados y asustados que le pidieron si podría dejarles pasar allí la noche y esconderles en algún lugar de la casa donde no pudiese encontrarles el malvado Ogro.
La señora les llevó a una habitación en el piso de arriba y les sugirió que se escondieran debajo de la cama.
Tal y como esperaban, al cabo de un rato llegó el malvado ogro:
-¡Mujer!, ¡Hay carne fresca en mi casa, puedo olerlo!
Un escalofrío recorrió los cuerpecitos de los siete hermanos mientras oían como el ogro iba buscándolos por toda la casa. Finalmente entró en la habitación donde estaban escondidos. Los 7 hermanos contuvieron la respiración mientras el ogro miraba dentro de los armarios y detrás de las cortinas. Finalmente se agachó y miró debajo de la cama. Allí estas los niños, aterrorizados.
Al verlos el Ogro no lo dudó e inmediatamente quiso devorarlos, pero su mujer le convenció de que los dejara para el día siguiente.
Pulgarcito, que era muy observador, vio que en la habitación de a lado dormían las 7 hijas del Ogro, y que cada una llevaba una corona dorada, por lo que, mientras todos dormían, tomó las coronas y las colocó en la cabeza de sus hermanos.
A media noche, el ogro muerto de hambre se despertó y dijo:
No puedo esperar hasta mañana. Me comeré a esos niños ahora mismo.
Al entrar en la habitación donde debían estar los niños vio los cuerpecitos tapados con mantas y las 7 coronas sobresaliendo de ellas.
Estás son mis hijas, dijo– y salió de la habitación para seguir buscándolos por la casa y zampárselos.
Gracias a la astucia de Pulgarcito, todos pudieron salir corriendo de allí mientras el Ogro los buscaba por la casa.
Al día siguiente, el Ogro despertó de con mucha hambre y de muy mal humor por no haber podido encontrar a los niños por la noche. Cuando descubrió que habían huido, se puso sus botas de siete leguas (unas botas mágicas que le hacían correr extraordinariamente rápido) y salió en su busca.
Cuando ya le falta poco para atraparlos, el ogro no pudo seguir más y exhausto se quedó dormido junto a un árbol. A los pocos minutos el ogro roncaba sonoramente y Pulgarcito aprovechó el momento para robarle las botas mágicas. Se le había ocurrido una brillante idea con la que castigaría al Ogro por su maldad y salvaría a su familia de la pobreza.
Pulgarcito se puso las botas del Ogro y les dijo a sus hermanos:

-Volved a casa cuanto antes. No vaya a ser que el Ogro despierte. Yo voy a llevar a cabo mi último plan y pronto me reuniré con vosotros.
Pulgarcito empezó a correr con las botas de siete leguas y llegó a casa del Ogro donde estaba su mujer.
– Ha ocurrido una desgracia – le dijo Pulgarcito a la mujer del ogro -su marido ha sido atacado, y me ha dicho que venga hasta aquí con sus botas mágicas para coger todas sus riquezas y así poder pagar por su libertad.
La mujer le entrego monedas, collares, piedras preciosas y demás tesoros. El hábil Pulgarcito metió todas las riquezas del Ogro en un saco y todavía con las botas puestas regresó a su casa.
Allí su familia le recibió con gran alegría al verle llegar sano y salvo y más al ver todo lo que contenía aquel saco que sin duda les ayudaría a salir de la pobreza.
Desde ese día, ni sus padres ni sus seis hermanos volvieron a pasar necesidades y fueron felices para siempre.
Jamás volvieron a saber nada del horrible Ogro.

Y colorín colorado, este cuento encantado se ha acabado.

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