45. Simbad el marino

Érase una vez en la ciudad de Bagdad, un joven muy humilde llamado Simbad que cada día se encargaba de llevar de un sitio a otro unos paquetes muy pesados en barco, ganándose así el apodo de “el Marino”.

Simbad llevaba una sencilla ya que no tenía mucho dinero. Vivía en una casa muy humilde de las afueras de la ciudad, y sus ropajes no eran precisamente los de un noble. Por ello, cada mañana iba al río a contarle al viento todas sus lamentaciones.

Una mañana, mientras Simbad miraba su reflejo en las aguas, deseando ser más rico y poseer más tesoros, un hombre muy rico y conocido de la zona escuchó sus lamentaciones, y muy amablemente le invitó a cenar a su mansión.
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