41. La aventura de los Renos

Era una fría noche de noviembre en el Polo Norte, la casa de Papá Noel en medio de una inmensa nevada se veía preciosa entre los pinos. Todas las luces del exterior estaban encendidas y, dentro, los elfos corrían de un lado para otro del gran salón principal.

Sentado en su viejo sillón, cerca de la chimenea se encontraba Nicolás. Ese era su verdadero nombre, aunque para todos siempre había sido Papá Noel. Su magia le permitía cumplir los deseos de todos los niños del mundo y él no podía ser más feliz. Le gustaba tocarse su larga barba blanca mientras se colocaba las redondas gafas en su respingona nariz.

-Mmmm, veo que todo está en marcha. Este año estoy recibiendo más cartas que nunca, vamos a necesitar más sacos para el trineo.
(…) Y colorín, colorado, este cuento encantado se ha acabado

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