5. La gran aventura de Federico

Para el episodio de hoy hemos elegido un cuento muy especial. Se trata del primer cuento de una saga que promete ser larga. Se trata de la primera gran aventura de nuestro querido paje Federico ¿Os acordáis de él? Se trata del paje favorito de los Reyes Magos.


En este cuento os contamos como empezó todo: Quién era Federico y cómo se convirtió en un paje de sus majestades los Reyes Magos de Oriente.

Hacía ya 2 años que Federico vivía con sus tíos.

Cuando sus papás murieron Federico fue a vivir a casa de unos tíos lejanos que se ocuparon de él. Sus tíos no eran malos pero siempre estaban muy ocupados y no tenían tiempo para jugar, ni para leerle cuentos… Ellos no habían tenido hijos y Federico no tenía niños con los que jugar.

Federico se pasaba horas leyendo cuentos en su habitación: le encantaban las historias de piratas y de superhéroes.

Un día, desde su habitación, Federico oyó como sus tíos hablaban con un señor que había venido a visitarles. No consiguió oír toda la conversación, solamente que el señor decía:

Muy bien, mañana vendré a recoger a Federico.

Federico no entendía que pasaba y cuando el señor se fue, bajó corriendo al salón y les preguntó a sus tíos quién era aquel hombre con cara tan seria y por qué decía que iba a pasar a buscarle al día siguiente.

Los tíos de Federico le explicaron que como ellos no podían ocuparse de él habían decidido enviarle a un colegio que estaba en otro país donde aprendería mucho y haría nuevos amigos y que aquel señor era quien le llevaría a ese nuevo colegio.

A Federico se le iluminó la cara. Un cole lleno de niños con quienes poder jugar. Le encantó la idea. Y aunque también estaba un poco nervioso por viajar hasta un país lejano con aquel hombre, decidió que merecía la pena.

Apenas pudo dormir en toda la noche.

Al día siguiente, su tía ya le había preparado el equipaje y después de desayunar llegó aquel hombre a recogerlo.
Se despidió de sus tíos con un beso y un abrazo.

Después se volvió hacía el hombre que le esperaba y se alejó con él.

A Federico no le gustaba aquel hombre, tenía cara de malo y nunca sonreía.

Siguió andando con él hasta que llegaron al puerto. Se detuvieron frente a un gran barco y el hombre le dijo:

Viajaremos en Barco y después cogeremos un tren hasta nuestro destino.

Se montaron en el barco y en cuanto el barco zarpó Federico pudo apreciar como la cara de aquel hombre se volvía todavía más oscura. Cada vez daba más miedo.

El viaje en barco duró 3 días y fue una verdadera pesadilla para Federico. El hombre era muy malo con él y le trataba como su sirviente. Le obligaba a hacerle todas las cosas: traerle la comida, recoger su camarote, ordenar su papeles, limpiarle los zapatos, doblarle la ropa…
Obligaba a Federico a trabajar todo el rato y apenas le daba unos trocitos de pan para comer.

Cada noche al ir a dormir Federico lloraba desconsolado.

Cuando el barco llegó a su destino y se bajaron en un nuevo puerto, Federico no sabía ni donde estaban, ni qué país era aquel.

Date prisa, le grito el hombre que caminaba muy rápido, – ahora tenemos que montarnos en un tren.

Federico, que llevaba su maleta y todo el equipaje de aquel terrible hombre, andaba lo más rápido que podía.
Al llegar a la estación, se montaron en un enorme tren, con tantos vagones que Federico no veía ni dónde acababan.

En cuanto el tren se puso en marcha, el hombre miró fijamente a Federico y le dijo:

He decidido que no voy a llevarte a ese nuevo colegio. Me viene muy bien tener un sirviente, así que te quedarás conmigo.

El pobre Federico estaba aterrorizado. No podía creer lo que aquel hombre le estaba diciendo.
Él, que estaba deseando llegar al nuevo colegio para no tener que volver a ver a aquel hombre tan espantoso, y ahora resultaba que no iba a llevarle allí, que tendría que quedarse con él y ser su sirviente!!!

Federico se puso muy triste.

El hombre lo miró y le dijo:

No me mires así. Vete al vagón donde está el restaurante y tráeme la cena.

Federico le obedeció y al poco rato volvió con la cena. El hombre se comió todo y sólo le dio a Federico un trocito de pan que le había sobrado.

Después de la cena, el hombre se quedó profundamente dormido.

Federico no podía dormir, la tristeza que sentía se había convertido en un fuerte enfado con aquel hombre despiadado y empezó a pensar que tenía que escapar. No podía quedarse con él por más tiempo.

A media noche, el hombre seguía dormido y el tren empezó a frenar. Estaba llegando a una estación donde había una parada. Cuando el tren se detuvo, Federico no lo dudó, corrió hasta la puerta del vagón y bajó rápidamente del tren.

Nada más bajar empezó a correr y correr por un camino oscuro, mientras veía como detrás de él, el tren se ponía de nuevo en marcha llevándose al horrible hombre.

De pronto, Federico dejó de correr y se dio cuenta de que no sabía a dónde iba. Era de noche y se encontraba en un lugar desconocido, no veía nada a su alrededor excepto arena…

¡¡¡Estaba en el desierto!!!!

Aunque estaba muy contento porque había conseguido escapar de aquel hombre malo, de pronto empezó a sentir miedo de nuevo. Todo estaba oscuro a su alrededor.

De pronto vio unas luces a lo lejos, así que siguió caminando. Cuando llegó al lugar del que provenían las luces, se encontró con un impresionante palacio. Federico lo miró alucinado. Nunca había visto nada igual.

Como estaba tan cansado, no lo dudó, y llamó a la puerta. Toc- toc

La puerta se abrió y apareció un señor mayor con el pelo blanco y una preciosa corona dorada.

-Oh…, es el palacio de un rey, -pensó Federico. Y se sintió un poco avergonzado por haber llamado a aquella puerta.

Buenas noches, dijo aquel Rey: ¿Cómo puedo ayudarte?

Federico apenas podía hablar:

Verá, siento molestarle en plena noche pero estoy sólo, perdido y no sé donde estoy. Llevó mucho rato caminando y apenas he comido. Quería preguntarle si podría ayudarme.

El Rey sonrió con ternura y le dijo:

Por supuesto que sí, pasa ahora mismo y ponte cómodo.

¿Cómo te llamas? Le dijo el Rey

Federico

Ven Federico, siéntate aquí en el salón. Ahora mismo te traigo algo de comer.

Mientras decía eso, Federico vio como de una enorme escalinata bajaban otros 2 hombres con corona.

Aquí viven 3 reyes pensó Federico extrañado.

¿Qué pasa Melchor?- Preguntó uno de ellos- ¿Qué es ese ruido?

No os preocupéis respondió el anciano Rey – Éste es mi nuevo amigo Federico. Se ha perdido y esta noche le acogeremos en nuestro palacio.

Ven Federico, le dijo. Estos son mis amigos Gaspar y Baltasar y yo me llamo Melchor.

Federico se quedó paralizado, con la boca abierta y sin poder hablar.

No se lo podía creer. ¡Estaba en el palacio de los Reyes Magos!

En ese momento le vinieron a la mente recuerdos de cuando era pequeño y todavía vivía con sus padres. Cómo disfrutaba cada navidad de la llegada de los Reyes Magos…

Sus tíos nunca le dejaron enviar la carta a los reyes porque decían que estaban muy ocupados y en esa casa no había tiempo para la magia…

Los tres Reyes se sentaron en unos enormes sofás junto a Federico y le pidieron que les contase cómo había llegado hasta allí solito y en plena noche.

Federico, que todavía estaba alucinado ante la sorpresa de estar junto a los Reyes Magos, les contó toda la historia. Cómo vivía con sus tíos y cómo le habían enviado con aquel horrible hombre.

Los Reyes le escuchaban atentos y con gran tristeza, al saber lo mal que lo había pasado Federico.

Cuando Federico terminó de contar la historia, un paje se acercó al salón donde estaban con una enorme bandeja llena de comida buenísima: sandwiches, frutas, galletas… Federico que llevaba casi 3 días sin comer estaba encantado con semejante cena.

Los Reyes sonreían al ver al niño tan contento.

Después de cenar, los 3 Reyes acompañaron a Federico a una bonita habitación para que durmiera y descansara.

A la mañana siguiente, cuando se despertó, Federico no sabía si había lo había soñado, pero al abrir los ojos se dio cuenta de que todo era real. Estaba de verdad en el palacio de los Reyes Magos.

Salió de la habitación y bajó la gran escalinata y allí en el salón estaban los 3 reyes desayunando.

Buenos días, le dijeron los 3 con una sonrisa. ¿Has dormido bien?

Sí, fenomenal -respondió Federico.

Ven aquí a desayunar con nosotros.

Federico se sentó junto a los Reyes y pronto un paje le trajo un maravilloso desayuno.

Federico, dijo Baltasar -hemos estado hablando esta noche mientras dormías. Y después de contarnos tu historia queríamos preguntarte si te gustaría quedarte a vivir aquí con nosotros.
No queremos que estés solito y nos encantaría acogerte aquí en nuestro palacio. Además, podrías ayudarnos a preparar todos los regalos para los niños que visitamos cada año en Navidad ¿te gustaría?

Federico no podía ser más feliz. Le encantó la idea

Claro que sí, dijo sonriendo.

Perfecto, dijo Gaspar, pues enviaremos una carta a tus tíos para que sepan que estás aquí y que partir de ahora vivirás con nosotros.

A partir de ese momento Federico volvió a ser un niño feliz y a estar siempre contento. Y vivió para siempre en el palacio de los reyes Magos donde en poco tiempo pasó a ser su paje preferido.

Y colorín colorado, este cuento encantado se ha acabado.

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