1. El enano saltarín

Este es el primer episodio de este podcast Cuentos encantados. Para empezar hemos elegido el cuento del «Enano saltarín». Un cuento tradicional de los hermanos Grim que seguro conoceréis pero que a vuestros hijos les encantará escuchar.

Hace mucho tiempo, existió un rey al que le gustaba mucho dar largos paseos por el bosque. Un buen día, y cansado de tanto cabalgar, el joven rey llegó a una humilde casita entre los árboles. En aquel lugar, vivía un molinero con su hija; una joven muy bella y amable. El rey, al conocer a la joven quedo admirado por su belleza y dulzura.El molinero, que estaba muy impresionado por la visita del Rey a su casa y al ver el interés que tenía su majestad por su hija, se puso nervioso y mintió para darse importancia:Mi hija no sólo es bonita, sino que además tiene un don especial.

Intrigado, el Rey le pidió que le contase cuál era ese don y el molinero le explicó que su hija era capaz de convertir la paja en oro al hilarla con una rueca.

El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a su palacio. 

Al llegar al enorme castillo, el monarca condujo a la joven doncella hacia una habitación donde se encontraba una rueca rodeada de paja. “Mañana por la mañana vendré a ver si es verdad que puedes convertir todo esto en oro. Si me engañas, tú y tu padre sufriréis las consecuencias por haberme mentido”.Al no saber qué hacer, la pobre muchacha se desplomó en el suelo y se puso a llorar hasta la llegada de la noche. Entonces, cuando dieron exactamente las doce en el reloj, apareció por una de las ventanas, un enano estrafalario y con una gran nariz que prometió ayudarla.

“Si me regalas tu collar, convertiré toda esta paja en oro” – dijo el enano con una voz suave, y sin pensarlo dos veces, la hermosa joven le entregó su collar. Al tener recibir el precioso regalo, el enano se dispuso a hilar la rueca con toda la paja de la habitación.

A la mañana siguiente, el rey abrió la puerta y quedó boquiabierto de ver que, efectivamente, toda la paja había sido convertida en oro. El Rey estaba maravillado. Efectivamente la muchacha no sólo era buena y bella, sino que además tenía un poderoso don.

Al ver lo que era capaz de hacer la joven, el Rey se vio cegado por la ambición y quiso más oro todavía. Así que llevó a la doncella a otra habitación mucho más grande que la anterior. En ella había enormes bultos de paja que llegaban hasta el techo. “Ahora debes hacer lo mismo en esta habitación. Si no lo haces, pensaré que me has engañado y tú y tu padre seréis acusados por traición.

La chica volvía a estar en la misma situación que el día anterior. Ella no sabía convertir la paja en oro y de nuevo se tumbó en el suelo a llorar desconsoladamente. A las doce en punto de la noche, apareció nuevamente el enano narizón que la había ayudado la noche anterior. “Si me das ese anillo que brilla en tus dedos, te ayudaré a convertir toda esta paja en oro”, le dijo la criatura a la muchacha, y ella no dudo un segundo en entregarle el anillo.

El enano una noche más volvió a convertir toda la paja de la habitación en oro.Para sorpresa del rey, cuando regresó a la mañana siguiente, la habitación se encontraba repleta de hilos de oro.

El Rey, que ya estaba convencido decidió casarse con la muchacha. Sin embargo, antes de la boda le pidió que por última vez volviese a convertir la paja de una gran establo en oro.

Tan triste se puso aquella joven, que no tuvo más remedio que echarse a llorar durante toda la noche. Como era costumbre, el enano narizón apareció a media noche y acercándose lentamente a la muchacha le dijo: “No llores más, hermosa. Te ayudaré con el rey, pero deberás entregarme algo a cambio”. “No tengo más joyas que darte”, exclamó la muchacha con pesadumbre, pero el enano le pidió entonces una cosa mucho más importante: “Ya que no tienes ninguna joya para ofrecerme ahora, te pido que cuando te cases con el Rey y tengas tu primer hijo me lo entregues sin dudar ¿Aceptas?”. 

La muchacha quedó horrorizada con ese propuesta de aquel terrible enano. Sin embargo no tenía elección. Si no conseguía convertir la paja en oro, el Rey pensaría que era una mentirosa y la metería en prisión; a ella y a su padre. Así, que entre lágrimas aceptó.

A la mañana siguiente, el rey apareció como de costumbre, y al ver que la joven no mentía y él era más rico aún gracias ella, ordenó a sus súbditos que preparan un banquete de bodas gigante para casarse de inmediato.

El tiempo pasó y la muchacha se había convertido en reina, vivía feliz en el Palacio y estaba a punto de tener un bebé. Con el tiempo, la muchacha había olvidado por completo la promesa que le había hecho al enano narizón.A los pocos días de nacer el bebé, el horrible enano apareció una noche en la ventana de su habitación. 

“He venido a llevarme lo prometido. Entrégame a tu hijo como acordamos”, susurró el enano entre risas. “Por favor, no te lleves lo que más amo en este mundo”, suplicó la reina arrodillada, “te daré todo lo que desees, montañas de oro, mares de plata, todo porque dejes a mi hijo en paz”. Pero el enano no se dejó convencer. Sin embargo, tanto insistió y rogó la muchacha que finalmente el enano le dijo: “Sólo hay un modo de que puedas romper la promesa, y es adivinando como me llamo.

Juan, Pedro, Daniel, Alfonso….La reina empezó a decir todos los nombres que se le ocurrían pero el enano negaba con la cabeza mientras reía con risa malvada.“No lo adivinarás”le dijo“Dentro de 3 días volveré a por el bebé. Si para entonces no sabes cómo me llamó me lo llevaré y nunca más lo volverás a ver”

La reina, desesperada, decidió averiguar por todos los medios el nombre de aquel horrible duende, por lo que mandó a sus guardias a todos los rincones del mundo y les ordenó que no volvieran si no traían una respuesta.

Tras dos días y dos noches, apareció uno de los guardias, contando la historia de un enano que había visto caminando por el bosque, mientras cantaba lo siguiente:

“Soy un duende maldito. No encontrarán a nadie más listo que yo. Mañana me llevaré al niño y el nombre de Enano saltarín, jamás adivinarán”

Gracias a esa historia pudo saber la reina el nombre del enano narizón, y cuando apareció en la noche del tercer día le dijo: “Tu nombre es Enano saltarín”. 

El enano no podía creer que la reina lo hubiese acertado y se puso a dar saltos enfurecidos por toda la habitación. Tanto fue su enfado, que saltando y saltando llegó al borde del balcón y se cayó en el foso del castillo, y quedó atrapado allí para siempre.

Y colorín colorado, este cuento encantado se ha acabado

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