17. El gato con botas

En el episodio de hoy os contamos el cuento del intrépido y astuto Gato con Botas ¿Lo conocéis?
Estamos seguras de que os encantará escuchar el cuento.


Érase una vez un viejo molinero que tenía 3 hijos.
A los 3 los quería muchísimo, pero era muy pobre y por eso cuando murió tan solo tenía para darles en herencia a sus hijos el molino, un burro y un gato.
El reparto de los bienes se hizo según la voluntad del molinero, en riguroso orden de edad de sus hijos. Así, el molino correspondió al mayor de los 3, el burro al hijo del medio, y el gato al más pequeño.
El hijo pequeño pensó que había sido el peor parado. Sus hermanos podrían trabajar y aprovechar sus fuerzas para acumular algo de riqueza, algo que el padre, aunque muy bueno, no había podido lograr porque era muy testarudo.
En cambio él, con un simple gato, nada podría hacer para ganarse la vida.
Pero el gato no era un gato normal: era fuerte, muy astuto y ¡podía hablar!
-Amo, no te lamentes, hazme unas botas nuevas, dame un saco y te haré rico!
Sorprendido, el muchacho le buscó al gato lo que este pedía. Siempre había sabido que el gato era muy astuto por su comportamiento extraño en comparación con otros animales, pero nunca había imaginado que pudiese hablar, y mucho menos organizar un plan para sacarlo de su pobreza.
Así, el gato con sus botas nuevas y un saco, salió de caza y muy pronto capturó un conejo.
Contento por su triunfo, el gato con botas recogió el saco y fue al palacio real, donde pidió hablar con el rey para entregarle un presente de su amo.
Los guardias lo dejaron entrar y, ya frente al monarca, el gato exclamó:
-Su Majestad, permítame entregarle este obsequio de mi amo el Marqués de Carabás.
El rey nunca había oído hablar de aquel Marqués, pero los conejos tenían tan buena carne, que enseguida pensó que se trataba de un muy buen cazador y encantado, aceptó el regalo.
-Gracias por este regalo, gato –dijo el rey-. Asegúrate que tu amo reciba mi gratitud y dile que es bienvenido en nuestra corte.
El gato estaba como loco de contento y rápidamente fue a contarle a su dueño lo sucedido.
Al día siguiente, el gato repitió su operación. Esa vez, fueron dos perdices y a cambio recibió una propina del rey, que vino muy bien al joven que no se podía su suerte con aquel gato.
El tiempo fue pasando y durante meses el gato llevó todo tipo de festines al rey, que siempre le daba algo a cambio y le manifestaba su interés por conocer al Marqués de Carabás que tantos detalles tenía con él.
Un buen día, el rey salió en su carruaje junto a su hija, la bella princesa Anette, a dar un paseo por la ribera del río.
Cuando se enteró, el gato le dijo a su amo:
-Confía en mí, báñate en este río, no respondas aunque te pregunten y serás rico.
El joven hizo lo que le pidió el gato sin entender nada. En definitiva, llevaba ya varios meses viviendo del dinero que le llevaba cada día.
Cuando el carruaje pasó por las cercanías del sitio exacto en el que el joven se bañaba, el gato comenzó a gritar:
-socorro! Socorro! Unos ladrones han asaltado a mi amo y se han llevado su ropa. No puede salir del río.
El Rey, que lo escuchó mandó parar su carruaje. Había reconocido al gato y preocupado por la suerte del noble Marqués de Carabás, le pidió al gato que le contase la historia con todos los detalles.
Así lo hizo el gato y de este modo se ganó la confianza del monarca, que ordenó dar ropas lujosas al Marqués, para que pudiera salir del agua.
Y así, aceptó la invitación del rey a acompañarlo a él y su hija en el carruaje, durante el resto del paseo.

Mientras tanto, el gato con botas se dirigió rápidamente hacia el castillo de un enorme ogro que vivía en unas tierras cercanas.
-Querido ogro -dicen por ahí que eres capaz de transformarte en cualquier animal, es cierto?
El ogro, que era muy engreído respondió:
-Por supuesto que es cierto. Y en ese momento se transformó en un fiero león.
-Ohhh! -Exclamó el gato con admiración. -Es cierto que también puedes convertirte en un pequeño animal, como un ratón?
-Claro que sí! -Vociferó molesto el ogro. No le gustaba que dudaran de él. Acto seguido se convirtió en un pequeño roedor.
El gato, se abalanzó sobre el pequeño animal y lo devoró en un santiamén.
De este modo, el astuto gato se hizo dueño y señor del Castillo del ogro, que había desaparecido para siempre.
Acto seguido empezó a preparar todo pues sabía que la carroza del rey estaba a punto de cruzar por esas tierras.
Cuando el Rey pasó cerca del Castillo, oyó la voz del gato que decía en voz muy alta:
-Querida majestad, bella princesa, ¡Sed bienvenidos al castillo de mi amo, el Marqués de Carabás! Pueden disponer de sus terrenos como gusten para descansar y volver cada vez que les apetezca.
El Rey, abrumado por tanta riqueza al momento supo que el Marqués de Carabás era el hombre perfecto para casarse con la bella princesa y sucederlo en el trono.
Y exactamente así fue cómo el joven humilde vivió feliz para siempre con su bella esposa y se convirtió en príncipe, estaba tan contento de que su padre le hubiera dejado en herencia un gato!

Y colorín colorado, este cuento encantado se ha acabado.

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