14. La nueva vida de Nico

Para el capítulo de hoy os hemos preparado un cuento apasionante creado por nosotras mismas.
Se trata de la emocionante historia de un niño llamado Nico.
Nos os la perdáis porque os va a encantar.

Nico era un niño muy sociable, tenía muchos amigos y le encantaba su colegio. Faltaba un mes para su cumpleaños y ya tenía en su cabeza una lista con todos los niños que invitaría y sus actividades favoritas.
Este año cumplía 8 años.

Por eso nada hacía presagiar lo que iba a ocurrir ese día al llegar a casa.

Como cada tarde, su mamá recogía a Nico, a Isabel y a Lucía en el colegio. Nico era el hermano mayor y sus hermanas lo imitaban en todo lo que hacía.

-Vamos niños, he preparado una merienda especial y papá tiene algo importante que contaros -Dijo Inés, la mamá de Nico.

A Nico le pareció que su mamá estaba un poco más seria de lo normal pero sólo podía pensar en que había tortitas de chocolate en casa, así que no preguntó.

Cuando llegaron a casa, Alberto, su papá les esperaba en la puerta. Olía de maravilla. Los niños dejaron sus mochilas, se lavaron las manos y corrieron a la cocina.

Alberto carraspeó:

-ejemm niños, como bien sabéis yo soy ingeniero y llevo meses preparando un proyecto muy importante…

-¿Qué es “ingieneiro”, papá? -Preguntó Lucía con la boca llena.

-Es mi trabajo cariño, me dedico a diseñar y construir aeronaves, pistas de aterrizaje… y este año teníamos un encargo muy grande y finalmente se ha aprobado y tengo que construir un avión en Houston, ni más ni menos.

Veréis, sois pequeños para entender ciertas cosas, pero lo importante es que vuestra madre y yo hemos decidido que no nos separaremos, nos vamos los 5 a vivir a Norteamérica los próximos 3 años. Os vendrá muy bien aprender inglés y estaremos juntos, como siempre.

Nico casi se cae de la silla -pero papá! Mis amigos están aquí! ¡Mi colegio, el fútbol, no quiero irme!
¡Me quedo con los abuelos!- Lloriqueó

Pero la decisión estaba tomada hacía dos meses, dos duros meses en los que Inés había tenido que buscar colegio para los niños, una casa para vivir y hacerse a la idea de que se mudarían a un país de habla inglesa.

Nico estaba desolado. No iba a ver a sus amigos en 3 años. No quería irse. Estaba enfadado con sus padres y casi no hablaba con nadie.

Era junio, el colegio estaba a punto de terminar y ellos tenían un largo viaje por delante.

Se trasladarían cuanto antes para aclimatarse a la vida americana durante el verano.

Así fue como una mañana de julio, 20 días antes del cumpleaños de Nico, un enorme camión llegó a su casa y atendiendo las indicaciones de su madre, se llevaron casi todas sus pertenencias.

La mudanza estaba en marcha y Nico tenía sólo dos días para despedirse de sus amigos y vecinos.

-No estés triste Nico -Le sonrió Isabel, seguro que hacemos buenos amigos allí y siempre podrás hablar con tus amigos y verles por Skype, como ha hecho papá miles de veces con nosotros en sus viajes.

Nico prometió hablar con sus amigos todas las semanas, le guardarían su puesto en el equipo de fútbol y se verían en Navidades y en verano.

El viaje era largo, 10 horas de avión hasta llegar a Texas. Su padre trabajaría en el Centro Espacial de Houston y allí es donde vivirían.

Una furgoneta negra les esperaba nada más aterrizar. Había zumos fresquitos y chocolates en el interior y los niños se sintieron un poco más reconfortados.

Poco después llegaron a la casa. Una magnífica construcción se erigía en medio de un enorme jardín con piscina, pista de baloncesto y… ¡Una portería!

Corrieron atropellados al interior. ¡Wow! Era enorme. Sus habitaciones eran gigantes, estaban amuebladas con todo tipo de juguetes, muñecos, cuentos ¡Era precioso!

Esa noche ninguno de los 3 pudo dormir apenas. Entre la emoción de la nueva casa y los nervios de cómo sería la vida allí, no conseguían cerrar los ojos.

El primer día en Houston les presentaron a Alice, su profesora y cuidadora durante el verano. Con ella pasarían muchas horas para ir haciéndose al idioma, aunque en Madrid ya estudiaban inglés en el colegio.

Nico, dando esquinazo a Alice, salió al jardín; ¿De qué le servía una casa así si no podía disfrutarla con sus amigos Teo, Pablo o Sebastián? El quería volver a su piso de Madrid, a su vida de siempre.

De pronto oyó unos gritos provenientes del otro lado de la valla, decidió asomarse a ver qué pasaba.

Dos niños de su edad corrían en todas las direcciones gritando un nombre:

-Max! Max ¿Dónde estás? Max! Vuelve!

Uno de los niños estaba llorando así que Nico decidió salir a preguntarles:

-¿Qué ha pasado? ¿Quién es Max?

-Max es nuestro perro, es un bulldog inglés gordo al que no le gusta pasar calor, se nos ha perdido…

Sin pensarlo, Nico se puso manos a la obra. Max era el perro de sus vecinos, les ayudaría a encontrarlo.

Después de 3 horas de búsqueda, los niños estaban agotados.
Nico decidió invitarles a su casa a tomar una limonada, lo cierto es que si no fuese porque no aparecía Max, habían pasado un buen rato juntos.

Alice estaba en la puerta:
-Nico, la próxima vez que salgas de casa tendrás que avisarme. Estaba muy preocupada y encima hay un perro en la cocina que no sabemos de quién es

-¡MAX! -gritaron los tres niños.

Efectivamente, Max estaba allí tumbado plácidamente, en el suelo fresquito de la nueva cocina de Nico, parecía sonreir.

Entre risas, merendaron todos juntos y Alice decidió proponerles un plan: -¿Qué os parece si os pongo una peli de superhéroes y unas palomitas?

Al fin y al cabo, ya tendrían tiempo de perfeccionar el idioma y Nico parecía estar muy contento con aquellos vecinos.

-¡¡Siii! -Respondieron al unísono.

Esa noche, Nico pensó que después de todo la vida en Houston igual no era tan horrible. Antes de dormir llamó a sus amigos, les contó sus nuevas aventuras y prometieron hablar de nuevo la semana siguiente: El día del cumpleaños de Nico.

Su nuevos amigos, Jhon y Matt eran mellizos, tenían 8 años recién cumplidos, eran muy deportistas y tenían gustos muy parecidos a los de Nico.

A la mañana siguiente, los mellizos se presentaron en casa de Nico.

-Hola Nico. Nuestra madre ha organizado una barbacoa en el jardín y nos ha dicho que estará encantada de que tu familia venga a almorzar, acuérdate de coger el bañador.

Y así fue como Nico, sus padres y hermanas se presentaron con unas tortitas hechas por Inés en casa de los Ford.

Había muchos amigos allí reunidos. Los mellizos hicieron las presentaciones. Tenían una hermanita pequeña que en seguida se llevó a Isabel y Lucía a jugar a su habitación. Los Ford eran encantadores y pronto se hicieron todos amigos.

Nico había conseguido en una semana que pareciera que llevaran allí meses, tenían amigos, planes juntos y diversión.

Lo único que le preocupaba era su fiesta de cumpleaños. Sólo quedaban 4 días y estaba triste por no poder celebrarla con sus seres queridos de Madrid.

Pero Inés, ayudada por Maggie, la mamá de los Ford, tenía una sorpresa increíble para Nico:

Le habían organizado la mejor fiesta de cumpleaños del mundo: globos, un payaso, un partido de fútbol con todos los niños del vecindario y hasta sus camisetas del equipo de Madrid.
Y lo más increíble de todo: ¡Una pantalla gigante con conexión en directo para soplar las velas con sus amigos de siempre y los nuevos a la vez!

Por fin llegó el gran día. Nico no podía haber soñado con un cumpleaños mejor. La enorme tarta de chocolate con 8 velas se acercaba hacia él mientras Jhon, Matt, sus hermanas y todos los niños cantaban cumpleaños feliz.

En ese momento, una pantalla se deplegó delante de él y en ella estaban Teo, Pablo, Sebastián y sus abuelos, cantando también.

Sin duda fue el mejor cumpleaños de Nico. Esa noche abrazó a sus padres con fuerza para darles las gracias por todo:

-Mamá, papá, teníais razón, lo importante es que estemos todos juntos y Houston va a resultar ser un lugar magnífico durante estos años, gracias.

Y así llegó septiembre. Después de pasar un verano genial de barbacoas, piscinas, juegos y amigos, llegó la vuelta al cole y resultó que el colegio nuevo también era bueno.

Nico y sus hermanas estaban felices, pronto volverían a Madrid a pasar las Navidades pero ya no les importaba estar allí.

Habían conseguido ser felices en su nuevo hogar tanto como lo eran en Madrid y además, ahora tenían el doble de amigos que antes. ¿No era fantástico?

Y colorín colorado, este cuento encantado se ha acabado.

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