11. El arca de Noé

En nuestro episodio de hoy os contamos en forma de cuento un relato de la Biblia conocido por todos: El arca de Noe.
Seguro que os encanta!

Hace muchísimos años, cuando sólo hacía unos siglos que existía la especie humana sobre la tierra, un bondadoso anciano llamado Noé, que se ganaba la vida pastoreando ovejas, paseaba con sus animales por la montaña cuando el cielo se cubrió de nubes y por una pequeña brecha que quedaba apareció Dios y le dijo:

Noé, la humanidad está perdida, pero tú puedes hacer algo para salvarla.

El anciano no daba crédito a lo que estaba viendo. Incluso se calló al suelo de culo del susto, cuando Dios prosiguió:

Te encomiendo una tarea muy importante. Has de construir una gran embarcación de madera y meter en ella una pareja de cada especie animal.

Pero señor, ¿por qué debo hacer eso? – preguntó Noé sorprendido

Un rayo surcó el cielo y Dios exclamó:

Un gran diluvio caerá sobre vosotros e inundará toda la tierra. Tú debes asegurarte de que una pareja de cada animal se salve.

Sin salir aún de su asombro, Noé aceptó y volvió al pueblo a recoger maderas y ponerse manos a la obra.

Utilizo miles y miles de tablones de madera, y muchos kilos de clavos, hasta que, poco a poco, con mucho esfuerzo y ayuda de su familia, consiguió terminar el arca. Una embarcación tan grande que a penas se distinguía el principio del final.

Una vez terminada, Noé comenzó la búsqueda de cada una de las parejas de animales. Comenzó por los fáciles: ovejas, corderos, caballos y gallinas…. y siguió con los más difíciles: leones, elefantes, cocodrilos y ágiles rapaces.

Así poco a poco comenzó a llenar el arca, incluso con hormigas, grillos y saltamontes, todos los animales estaban allí, y junto a su familia: mujer, sus tres hijos Sem, Cam y Jafet y las tres esposas de sus hijos, se preparó para la llegada del diluvio.

-Aquí estaremos a salvo – dijo convencido Noé

Esperaron y esperaron, incluso pasaron días, y la lluvia no llegaba. Noé intentó convencer a su familia de que lo del diluvio era cierto, pero los ánimos decayeron.

-Papá, todo esto ha sido una locura – dijo uno de sus hijos

Nos vamos a casa – dijo su mujer
Y cuando la familia se dispuso a soltar de nuevo a los animales y abandonar el arca, una gota de lluvia cayó sobre la frente de Noé.

Dios mío, era cierto – exclamó

(tic, tic, tic, tic….)

Gota a gota comenzó a caer lluvia sobre sus cabezas. Al principio era suave, pero la brisa pronto dio paso a un fuerte viento, y la lluvia al granizo, y cientos de relámpagos comenzaron a recorrer el cielo. Todo el horizonte se encapotó, y las tierras secas del valle en la que vivía Noé comenzaron a inundarse.

Pasaron 40 días y 40 noches y en ningún momento dejó de llover. Las más altas montañas quedaron cubiertas por las aguas y desapareció todo rastro de vida sobre la faz de la tierra. El arca navegaba entre las olas y los animales se mantuvieron a salvo como pudieron.

Gracias Noé por salvarnos – dijo una de las esposas de sus hijos

Así lo ha querido Dios – respondió el anciano

Cuando por fin dejó de llover, empezó a soplar un suave viento que hacía ondear los ropajes de la familia, y poco a poco fue bajando el nivel de las aguas, hasta que el arca comenzó a flotar sobre el monte Ararat.

Está amainando – exclamaron

Los animales estaban hambrientos y deseosos de salir, pero aún era peligroso bajarse. Noé abrió una ventana que había construido en la parte superior del arca, justo encima de los hipopótamos y las jirafas, y soltó un cuervo para averiguar si el nivel del agua había bajado del todo.

Si consigues posarte en un cacho de tierra, habremos llegado – le dijo Noé al cuervo antes de que alzase el vuelo

Pasaron las horas y el cuervo regresó sin señales de haber encontrado tierra. Siete días más tarde, Noé volvió a abrir la venta, por la que casi se escapan los monos, y soltó una bella paloma blanca.

Si consigues posarte en un trozo de tierra, habremos llegado – le dijo Noé a la paloma antes de que alzase el vuelo

Pasaron las horas, y esta vez la paloma regresó con una muy buena noticia. Ésta regresó con una ramita de olivo en el pico ¡Había encontrado un lugar al que regresar!

Navegaron en la dirección de la que había regresado la paloma y encontraron la ansiada tierra. Anclaron el arca y Noé, su esposa, sus hijos y todos los animales que habían embarcado con ellos comenzaron a bajar a tierra firme donde poco a poco comenzaron a crear más y más vida.

Las vacas correteaban felices, los canguros pegan botes y los perros y gatos encontraron un lugar en el que ser amigos.

Gracias a la hazaña de Noé, Dios prometió que jamás volvería a enviar una lluvia tan terrible como aquella sobre la tierra, y así fue. El anciano y su familia vivieron felices apaciblemente, labrando la tierra y cuidando de los animales para siempre.

Y colorín colorado este cuento encantado se ha acabado

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